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lunes, 15 de junio de 2015

El-Sayal

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Aquí os dejo «El-Sayal», perteneciente a Mi luna tiene un nombre, interpretado por Diana Tejón, a quien acompaña Enrique Sabaté. Gracias a ellos este poema, «Diamante de sangre»«Bakka» y el primer canto del Romance del Halcón Rojo, pudieron terminar de gestarse y ver la luz en el II Recital Poesía sin fronteras: Valladolid - Alcalá de Henares. Disfrutad del poema, aunque por un inesperado corte pierda uno de sus versos, curiosamente, uno de mis preferidos. («que nimba una noche inmaculada»):

EL-SAYAL


«Paul tragó saliva. La figura ante él se volvió al claro de luna y vio un rostro de elfo, unos ojos negros y profundos. Lo familiar de aquel rostro que había aparecido innumerables veces en sus visiones prescientes sorprendió a Paul, inmovilizándolo. Recordó la rabiosa bravata con que en una ocasión había descrito aquel rostro soñado por él a la Reverenda Madre Gaius Helen Mohiam, añadiendo:
La encontraré.
Y ahora estaba allí, ante él, pero este encuentro no lo había soñado».


Unas pocas lágrimas, como un canto
de gorriones bañándose en la arena,
se deslizan por mi roca de amaranto
y asustan al silencio y a la pena
que muerde esta luz que vibra tanto
en la dupla que sangra luna llena,
que nimba una noche inmaculada
donde pierde el desierto su mirada.

Hay rodadas de zumo de pitaya
sobre el rubio dorso del sigilo.
Una tormenta del polvo se avitualla
y obliga en la roca a hallar asilo.
El eco una columna pronto talla
para cargar el peso de aquel silo
donde ve que las huellas evapora
el cobalto de esos astros que enamoran.

Una voz de sombra, cual murmullo
de flores y esperanza fabulosa,
se acerca y le pregunta en un arrullo
de torcaza alegre, azul, curiosa
por ese mundo de agua tan tan suyo
como esa tormenta impetuosa
que azota el exterior y se ha olvidado
de aquel viajero triste y cansado.

Un llanto de preespecia, suave, moja
las cenizas de aquellos que aún no han muerto,
y estalla Primavera pelirroja
en las tórridas arenas del desierto.
Mas sus flores olorosas le deshoja
la cruda tempestad que, a cielo abierto,
irrumpe en el recuerdo enamorado:
«tranquilidad y olvido tú me has dado».


Hazel Messiatz (06/06/2015)

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